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Decencia
By : Alex GonzálezMe cuesta pensar que he abierto el blog de nuevo para dedicar un artículo al actual Sevilla FC... Fui de los primeros en jugar a periodista deportivo en las redes; hasta que vi que cualquiera podía hacerlo. No se me dan bien los microrrelatos; yo necesito escribir artículos como el presente, en el que no sea necesario reducir al máximo. Y como ahora todo se dice en menos de 140 caracteres, estos posts son aburridos, demasiado extensos, sobrantes. Casi como el Sevilla FC de esta temporada.
Teniendo en cuenta que cada año que ha pasado desde que dejé de escribir en esta web he ido sabiendo menos de fútbol, me puedo permitir la "egocentricidad" de expresar mi opinión. Esto funciona así, ¿verdad? No creo que use demasiados tecnicismos, también los he ido perdiendo; me he convertido en un aficionado de manitas metidas en el fachaleco y respaldo caliente del asiento durante los 90 minutos. Comento lo justo. Insulto lo justo. Aplaudo lo justo. Silbo lo justo. Pero ya basta. Esto es infumable. Ya no soporto más y empiezo a parecer la niña de los unicornios de Gru (¿se nota que ahora tengo hijos pequeños?).
Traigo de la novela de Parque Jurasico (el libro, no la película) el siguiente párrafo, cogido de un diálogo de uno de los protagonistas, Ian Malcom (Jeff Goldblum en el film):
La mayor parte de las distintas clases de poder exigen un gran sacrificio por parte de quien quiera tener ese poder. Hay un aprendizaje, una disciplina que dura años. Cualquiera que sea la clase de poder que se busque. Presidente de la compañía. Cinturón negro de karate. Gurú espiritual. Atleta profesional. Sea lo que sea lo que se persiga, hay que invertir tiempo y esfuerzo. Hay que sacrificar muchas cosas para lograrlo. Tiene que ser muy importante para uno. Y, una vez que se alcanza, es el poder de uno mismo; no se puede delegar: reside en uno. Es, literalmente, fruto de nuestra disciplina.
No sé de accionariados ni historias familiares problemáticas. Solo sé trazos de lo que se atreven a publicar los periodistas y la bilis derramada por redes sociales. Pero estoy muy cansado. El Sevilla FC no es más que otra empresa andaluza, sevillana, de esas que siempre las dirigen catetos con dinero (hay honrosas excepciones, tanto de empresas dirigidas como de directivos con cultura). Pero antes tenían Decencia. Ahora, herederos, ya sean niños pijos malcriados o puretas educados a la sombra de los billetes, y viejos chochos, quieren enriquecerse sin tener idea de cómo llevar una empresa, sin apenas cultura de la comunicación (vaya vergüenza ajena cada vez que hay que escuchar a Castro, Junior...), y sin apenas una migaja de honor o amor propio, orgullo, que les haga salir de allí con un poquito de dignidad. Hay mucho dinero y la codicia les puede. Pero los que se llaman salvadores inspiran menos confianza. Lo que ocurre es que, cuando pierdes un derbi porque no tiras a puerta y no eres capaz de nombrar un once titular, cualquier opción es mejor que la presente. Lo que nunca llegábamos a pensar es que esto de las Sociedades Anónimas traería la posibilidad de que béticos pudieran dirigir la entidad nervionense. Pero, claro, es que lo de la Decencia es más importante de lo que a priori era un simple detalle moral.
No, lo de manifestarse no es buen plan. Para pasar una previa con los colegas, vale, pero por más de negro que te vistas, como un malote, por más botes de humo y cartelitos amarillos que saques, si no tienes dinero puesto, no pintas nada. El fútbol ya no es de los aficionados. El fútbol romántico murió. Y si consideramos manifestarse como un modo de presión, incluso empleando la intimidación, aviso que es absurdo emplear métodos mafiosos con gente que ha sido Mafia toda su vida (o el hijo farlopero con discursos manidos, repletos de clichés y frases maniqueas de un antiguo capo de la Mafia). Porque, vuelvo a insistir, lo de la Decencia es importante. Y aquí les falta.
No puedo ir al Corte Inglés y protestar por que el Belros y el puesto de empanadillas argentinas están en el sótano y ahí no ganen tanto. Porque yo no soy accionista. Y, por mucho que nos hayan engañado con lo de que "el cliente siempre lleva la razón", lo primero, puede que no la lleve, y, segundo, ellos dispondrán según su pasta. Pues como en el club.
Como no sé de familias de Utrera, ni de todo el embrollo de padres e hijos, ni de las opciones existentes, solo puedo entristecerme e indignarme por lo mal que ha gestionado el club todo el dineral que entró por la participación en Champions, por los títulos, los fichajes... y esperar que, en algún momento, en el péndulo de la historia, volvamos a disfrutar del oro de la segunda década de este siglo.
En cuanto a la plantilla, la veo mejor que la del año pasado. Y no porque tenga algún conocido en la dirección deportiva... sino porque nos quitamos morralla. Morralla en el sentido del compromiso y/o de la calidad en algunos casos. En verano vino gente flojita, no nos engañemos, pero con mejor actitud. De todos modos, lo que peor veo, y es fundamental, es el entrenador... Madre mía, con el voto de confianza que le llevo dando desde el principio de temporada, y cada vez me lo pone más difícil. Está mermando a todos y cada uno de los miembros de esta plantilla, con esa idea estúpida y moderna de morir con una estrategia. Ni que decir tiene que, ponga al delantero que ponga, lo va a terminar friendo. Porque con la filosofía ridícula del fútbol "preciosista" de los cojones, cuando no hay nivel suficiente, termina frustrando a todo el mundo. Tampoco digo yo que tengamos a Inzaghi, Ronaldo y David Villa, pero es que no le van ni a llegar balones para que puedan demostrarlo...
Los extremos son Konopliankas pero con menos mercurio en la sangre; niños muy rápidos que se caen cuando encaran. Lukebakio es el tuerto en el país de los ciegos. La defensa es un coladero municipal, pero en el que trabajan los chavales más comprometidos y con más huevos, y a los que les cuesta, como a mi amigo "el parra" del colegio, coger una a la primera. El centro del campo... es que no sé a qué juega el centro del campo ni cuál es la función de cada uno cuando tenemos el balón: Agoumé, Saúl, Sow, Peque (¿este por qué no juega? ¿qué le pasa a Pimienta con Suso?). No sé. Me estoy calentando conforme escribo esto, porque me parece tran frustrante, tan desesperante lo que llevo viendo, sobretodo, en las últimas semanas, un quiero y no puedo, un parece que hago algo pero no... que prefiero parar.
Tenía que soltarlo de alguna manera. Al menos, ya me he desahogado. Opiniones algo discutibles, supongo, extensibles en el aspecto deportivo. Quizás he trivializado muchísimo, del tema accionarial y en lo meramente futbolístico, pero creo que no merece la pena seguir. No soy ningún experto, ni leo mucho la prensa, ni estoy en "el ajo". Simplemente voy al fútbol, con un poquito de amor por el equipo y algo de Decencia.
El 11 o el 13.
By : Alex GonzálezLentillas al canto, porque las lupas podrían pegarse un carajazo cuando celebrara un gol en mitad de los Biris (sí, tíos, yo era un malote cuando era un teenager). Sudadera de Umbro, calentita, con más años que un bosque y con cremallera metálica que me metía en la boca durante todo el camino con tal de no hablar ni con mi madre. Después la sustituyó una Joma, que todavía me sigo poniendo, con su cremallera más blandita, como de silicona. Hace más agradable la mordida. Bonobús que al menos tenga dos piques por gastar, con transbordo, que yo era un niño de barrio. Y hora y media antes del partido ya estaba el menda bajando las escaleras de dos en dos. Portazo con la bufanda en la muñeca y a esperar el autobús. Me daba igual el 11 o el 13, ya veré dónde cogería el C1, pero el primero que viniese es al que me subía.
Pesimismo ninguno. Amaba a Caparrós. Amaba mis colores. Mi escudo. Y non plus ultra. Sentado en la grada, un huevo antes de tiempo, soportando el “I punto publicidad”, “It’s my life” de Bon Jovi y diecisiete “Tecafil tiene la solución”, además de los versionados perfectamente y de manera brillante por mis compañeros de grada con aquel “Benjamín tiene la solución”.
Salen a calentar los porteros. Monchi, Olsen, Notario, Esteban… Salen a calentar los jugadores rivales. Algún que otro abucheo. Alguno más fuerte de lo normal si se trata de un exbético. Enormes clases de zoología y de coaching sobre la madre del árbitro. Pelaba pipas cuando me acordaba de comprarlas.
Se acabó el partido. Normalidad absoluta. Con la cabeza más metida de la cuenta en la sudadera era señal de un 2 en la quiniela. Con las manos en los bolsillos de la sudadera, sobresaliendo la bufanda que seguía amarrada en la muñeca, señal de que había sido una humillación. La Victoria no hacía falta suponerla en mi cara. Parada del 13 en el Hotel Macarena. Parada del 11 en el Bazar España. El 13 me gustaba más, pasaba con más frecuencia. Había más personajes.
Pues tío, yo a estas alturas de julio voy a la taquilla con los ojos cerrados. Bueno, ya lo hago por internet por si me toca la camiseta. Y me da igual cómo sea. La prefiero blanca, como todas las que tengo, salvo la azul marino con el cuello blanco. Y el escudo, que venga el escudo, la razón de todo. Porque esa es la razón, el escudo. Paso de fichajes, de entrenadores y de su puta madre. Los conoceré o no, me gustarán o no, pero ilusionar me ilusiona cada nueva temporada, porque es el Sevilla FC. Porque es mi equipo. Y me ilusiono como en los últimos 19 años de carnet y los 6 ó 7 anteriores, que uno empezó por el 94 a conocer el fútbol con cierto sentido y desde entonces no me he bajado del burro. Y si empecé con Maradona, Suker, Zamorano o Buyo, después me tragué más de un Camacho de entrenador y un Marinakis, Machlas, Axel o Casagrande de portero. Que daban vergüenza hasta verlos en el FIFA 97 en la Mega Drive y prefería editarlos y ponerles el nombre de mis compañeros del colegio. Conmigo como delantero estrella, claro está. Hasta los amistosos me ilusionan en verano. Que los de Rota estaban graciosos, pero los amistosos en el Emirates de Londres me hacen más gracia. Amaba el Carranza y el Colombino, con premio. Pero se los cargaron. Nunca caímos bien por allí, pero nos invitaban porque necesitaban el dinero de los veraneantes. La gente se vende fácil cuando es un ruina envidioso. Llegaron las previas y las Supercopas y esos torneos ya no tenían ni a gente de la mitad alta de Primera División. Fuera torneitos chorras. Ahora con los Grandes. Más ilusión al saco.
Ilusión. Pues claro que tengo ilusión, cojones. Como cada año. Ahora ven, cuéntame todos los rollos que quieras y déjame que me vaya a la grada, que esto empieza ya y en Gol Norte, mientras que pueda, estaré viendo al Sevilla FC. Callaito, como siempre, disfrutando y sufriendo a partes iguales, pero callaito. Eso es, callaito. Estarse callaito y mira p’alante. Nuevo Sevilla FC, nueva temporada, pues a ilusionarse, como siempre.
La necesidad de jugar finales
By : Alex GonzálezPuede que no comprendan mucho de lo que escribo, porque hay cosas que es mejor vivirlas, y algunas son tan personales que pueden ser para el que lee algo muy frío y para el que escribe algo apasionante. Pero creo que ustedes han vivido algo parecido o "de otra manera" con sus familias. Seguro.
Por la bendita costumbre que está cogiendo nuestro Sevilla de llegar a semifinales un año tras otro, las costumbres por feria y por el mes de mayo van cambiando en mi familia. Supongo que a estas alturas de la película ya me habrán leído lo poco que nos hace falta en mi casa para que nos reunamos unos cuantos de primos y tíos para celebrar algo. Y vaya si estamos celebrando, me cago en la leche.
Tampoco creo que les tenga que recordar los abril y mayo de los tres últimos años. Por si acaso: Erbeti, Villarreal, Valencia, Benfica, Zenit, Fiorentina, Dnipro, Athletic y Shaktar. Me encanta cuando dicen que no nos hemos enfrentado a rivales de identidad.
Pues resulta que tras un jueves de Feria sentados en una confiteria de la calle Asunción viendo el partido contra el Zenit, acordamos a la mañana siguiente entre mis primos y yo, reunirnos en mi casa para ver la vuelta contra la Fiore. Así lo hicimos. Cuando el partido se resolvió en un par de lances, pues hicimos lo propio con la final: nos reuniremos para ver la final de Varsovia.
Y a las dos semanas, todos vestidos de rojo, llenamos mi salón:
Allí estaba mis primos Miguel y Fernando, mi hermana Eugenia, mi hermanito chico -que lo es por parte de madre y no de padre- y mi padre, propiamente, del que ya hablamos en este otro artículo y al que hicimos comprar algunas viandas como quesos de untar, fuet, embutidos y porquerías varias que, aunque no quitaran el hambre, nos engañara el estómago mientras no podíamos despegar la mirada del televisor. Aparte de la consabida Coca Cola Zero, que se mantiene a flote en la compañía más grande de refrescos gracias a la insistencia de mis dos primos diabéticos, mi hermana maniática con la Zero y un servidor, que por no pedir una botella sólo y exclusivamente para mí pues se adapta al sabor de la Zero.
Tras este espacio publicitario gratuito, que es lo que más me jode, continúo.
No fueron pocos los nervios que se palparon en el salón, ni trocitos de regañá y de fuets que terminaron rodando por el suelo a cuenta del árbitro y las cabalgadas de un tal Konoplyanka. Pero con el 2-2 en el marcador, en un rebote mal despejado de la defensa ucraniana y con Bacca solo con el portero y el balón entremedio, mi salón se convirtió en un agujero oscuro y profundo en el que todos nos transformamos en algo que no sé si somos o es que lo llevamos por dentro. Gol.
Mi primo Miguel celebró el gol tirándose al suelo de rodillas, como si fuera el mismo Carlos Bacca, señalando al cielo y sin sentir las dos operaciones recientemente hechas en los meniscos y las rodillas.
Mi primo Fernando llevándose las manos a la cabeza llorando y dando vueltas sobre sí mismo.
Mi hermana besándome el claro que empieza a aparecerme por la coronilla, mientras que yo, caído en el suelo, apoyaba la espalda en el sofá, con las manos levantadas y llorando.
Mi hermano, enganchado a la pierna de mi padre, celebrándolo con él y medio llorando también.
Ninguno fuimos conscientes de lo que estábamos haciendo. Ninguno caímos en lo que salía de nosotros. Se acabó el partido. Bufanda, bandera, camiseta y camino de la Puerta de Jerez.
Con el tiempo analicé ese momento de explosión. Y aquí está escrito. No fue exactamente como lo he contado, seguro que me he dejado un detalle en la mochila. Es imposible acordarse de algo si no merece verdaderamente la pena. Fue un momento mágico. Único. Ruego que vuelvan a leer a cada uno de mis familiares, cómo estábamos y cómo terminamos. Magia pura. Demente.
Y eso me hace falta. Yo lo necesito. Tengo la necesidad de jugar finales. De llegar a ellas. De jugar semifinales contra grandes de Europa y decirles desde mi casa: "Mirad, estamos locos". Quiero llenar mi casa todos los meses de abril y mayo de la mayor de las alegrías, de la mayor de las celebraciones, de la mayor de las historias. Quiero llegar a las finales.
Fue el jueves pasado la última vez que nos reunimos en mi salón. Nos reuniremos en el partido de vuelta. Y esperamos tener que volvernos a ver en mi salón cuando defendamos de nuevo nuestra Copa. Lo necesitamos. Necesitamos jugar finales.

