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Posted by : Alex González viernes, 15 de marzo de 2019


- Me echan, Alejandro.
- Lo imaginaba.
- Ya. Como todos.
- ¿Te echan o te vas?
- Las dos cosas, pero más lo primero.
- Lo siento, yo esperaba un poco más.

Y nos quedamos mirando, en silencio, ambos con una trenca azul marino -la que me pongo los viernes para diferenciarla del abrigo Hilfiger del resto de la semana y darle un toque distinto al día- en la que metíamos las manos en los bolsillos, protegiéndonos de la leve brisa de las 8 de la mañana.

- ¿Te vas ya?
- Voy antes a hablar con el Presidente, pero sé que me va a echar.

La chica de la venta, Elena, al lado del aeropuerto, que ya me conoce porque voy todos los viernes con mis compañeros del trabajo a desayunar, se nos acercó con libretita en mano -qué irónico- esperando la comanda. Café muy cargado para Pablo, "artesana" entera con jamón y un zumo de naranja natural para mí -"con un sobrecito de azúcar, Elena, cariño, que la última vez estaba más fuerte que un tronista de Mujeres, hombres y viceversa", le suelo decir a la muchacha-. Pablo no abría la boca mucho más de lo que le producían los pequeños surcos debajo de la nariz. No sonreía, pero tampoco parecía preocupado.

- Creo que no has llegado a entender esto. Poco carisma te he visto, Pablo.
- El que tengo, ¿qué querías? ¿que me convirtiera en Emery?
- Ya, pero en esta ciudad tan caliente... ya te avisé.
- Y te pedí que me ayudaras.
- Eso es otro rollo.

Vinieron las bebidas. La tostada se retrasó, pese a que llevara un rato mirando hacia la barra a ver si venía ya, metiendo presión. Pablo dió un sorbo a un café que se veía muy negro y caliente, como lo que nos venía a todos los sevillistas que nos quedábamos aquí. Él se iría a Soria, pero el equipo hundido, por debajo de Champions y con una defensa propia del campeonato de fútbol 7 de una urbanización en un pueblo de la carretera de Los Palacios, nos lo comeríamos nosotros. Y eso él no lo comprendía. Como nunca comprendió que morir con unos ideales no te hace más listo o más fuerte. Sino que muestra una debilidad absoluta de cara a la preparación de un partido. "Que se preparen el resto", pensaría él. Pero no. No somos el Barcelona. Y a Dios gracias también.

- Puede que vuelva Monchi.
- Algo de eso me he enterado. ¿Quién te sustituye?
- Supongo que Joaquín.

Hice una mueca de aprobación, mientras vi llegar mi entera con jamón. Le eché aceite. A la tostada, no a Pablo.

- Bueno, espero que te vaya bien, muchacho. Creo que no tengo mucho que decirte. No me llegaste a comprender cuando te dije lo del Mudo.
- ¿Pero cómo quieres que ponga a Vázquez con el mierda de 2019 que me lleva?

Lo miré en silencio, sin gesticular. Seguía sin comprenderme.

- Joder, Alejandro, todo no está en Vázquez. ¿Has visto a los defensas? Joder, hostias.
- ¿Y el sistema? Sabiendo lo que había, ¿tú piensas que es lo mejor? ¿la puta defensa de tres?
- Es mi sistema. Y tenía que morir con él.
- Pues has muerto. Y veremos a ver si no nos has matado a los demás.

Miraba Pablo a otra parte por evitar un duelo de miradas mientras seguía la discusión.

- Es la primera vez que le llevo la contraria a un entrenador con la defensa de tres desde que estaba en Los Mares con Selu Pérez, carajo. ¡Qué empeño!
- Es mi sistema.
- Pues quedátelo, pero no funciona siempre.

Durante un minuto, mientras me deleitaba con algunas betas de tocino que tenían las lonchas de jamón de la "artesana entera" y me chorreaba una pequeña gota de aceite hasta la muñeca, se mantuvo un silencio incómodo, sólo interrumpido por el resto de comensales que desayunaban también en aquella venta junto al aeropuerto, en la vía de servicio próxima a las oficinas de AIRBUS.

- No me extrañaría que te fuera muy bien en otro sitio. Siempre me has parecido buen entrenador.
- Gracias, veremos a ver. Ofertas no me van a faltar.
- Eso espero.

Miré la hora en mi nuevo Samsung G3 Frontier -atrás quedó aquel Viceroy de plata de mi mujer, ahora tenía uno más moderno, también regalado por ella en mi último cumpleaños-. No sólo tenía que aligerar para volver a la oficina, sino que además este viernes iba a ser imposible cumplir lo de los 6000 pasos que te impone el cacharro, de ninguna manera. El agobio que me entró fue máximo. Como cuando recordé que el sorteo del resto de la Europa League era en pocas horas. Me estaba enervando. Entonces recordé la noche anterior, en la Peña Sevillista Macarena. Recordé los "boleones" a nuestros delanteros -africanos europeizados que medían tan poquito como para entrar en la cuadrilla de un palio-, frente a los defensas del equipo checo -unos señores de más de 1´90-. Y entonces me puse nervioso.

-Bueno, me tengo que ir, Pablo. Que te vaya todo muy bien. Tú te vas, o te echan, pero nosotros aquí seguimos pringando. Esto sigue.Y tenemos que ir a por la cuarta plaza.

Extendí la mano, me hizo una pequeña mueca, y me la estrechó, despidiéndose de mí y agradecido de ser el único entrenador que se ha llevado dos artículos seguidos en el blog hablando de él.


One Response so far.

  1. Anónimo says:

    INVENT.

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