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Una copa de retirada.

By : Alex González

Pongamos que estamos en el bar de un hotel, céntrico, de lujo. El bar sirve cócteles - o cocktails-. No me importa porque yo no bebo. Pero pongamos que esa noche -porque era de noche, después de un partido- estaba bebiendo un cóctel exclusivo que el barman sólo me prepara a mí. De fondo, sonaba un piano y algún instrumento más, interpretando canciones de jazz suave, en plan "chill out" que se dice ahora. Era el hilo musical que salía por unos altavoces discretos, puestos en las esquinas del bar. El camarero -barman dije antes para darle cierto toque snob- llevaba la típica chaquetilla blanca de estos sitios tan elitistas, y llevaba un rato recogiendo las mesas, limpiando la barra y organizando cosas en el almacén de dentro. Ya no quedaba nadie salvo yo en el bar. Quedaba poco para cerrarse. Miré la hora en el Viceroy que me regaló hace unos años mi mujer, casi ex-mujer a cuenta del fútbol. Era tarde. Muy tarde.

-Menos mal que te has quitado la chaqueta verde. Vaya si era fea.

-Pero yo el verde lo llevo dentro, don Alejandro.

-Sí, por eso eres tan feo.

Se rió con mi comentario. Volví a agachar la cabeza y a mirar el fondo del vaso con lo que quisiera Dios que llevase aquél cóctel exclusivo. Alguien llegó por detrás y se sentó en la banqueta alta de al lado.

-Póngame lo mismo que al caballero.

El camarero me miró buscando aprobación, para que tuviera mi permiso y poder reproducir el mismo cóctel a otra persona. Asentí con un breve gesto, sin levantar demasiado la cabeza ni apartar la vista del interior del vaso. Su voz sonaba de fuera, como de Castilla.

-¿Qué ha pasado al final?- pregunté sin mucho interés.

-Pues lo que tenía que pasar.- me miró y esbocé una ligera sonrisa, soltando un pequeño gruñido simulando un "Entiendo".

-¿Qué quieres que haga? Hasta que no entren en dinámica los nuevos delanteros, aquí no hay quien tire entre los tres palos...

-Ya te lo avisé. Por lo menos esta vez teníamos portero...

-Sí, joder, y veinte mil ocasiones para meter un gol de mierda. ¡Y vaya presión metéis en este pueblo!- parecía desesperado.

Hubo un pequeño silencio. El saxofón retomaba la acústica del bar y dejaba al piano en un segundo plano. Me giré y sonreí a Pablo:
-Señor Machín, sé que para uno de Soria esto puede ser el caos más absoluto: la ciudad, el club, la afición... aquí estamos locos. Lo sé, lo sabemos. Como una puta cabra. Poco a poco irá sabiendo cómo funciona todo, no es fácil. Lo comprendo. Pero tenga una cosa clara: los locos somos nosotros, la grada. No se engañe con lo que suene en sus despachos, lo que le digan, lo que le vendan... bah, pase. Usted oiga a la grada. Puede que la mayoría no tenga ni puta idea de fútbol. Casi nadie sabe. Pero tienen una cosa muy clara: el escudo no se mancha. No sé qué conocerá de otros clubes y de otros sitios, esto es otro mundo, esto es Sevilla.

-Me lo avisaron.

-Entonces le habrán avisado que el NON PLUS ULTRA lo inventamos aquí. No hay más allá. Morirán con su idea, con su equipo, en su estadio. No les toque los cojones, coja una espada y vaya con ellos, pero nunca contra ellos.

-Lo critican todo.

-Sí, es una mierda, pero funciona. Mucha gente ha fracasado aquí por tanta exigencia, pero ya le aviso sobre lo que ha visto esta noche: una celebración desbordada por llevarse más de doce años sin ganar un derby en su campo. Después les toman por el pito del sereno y en menos de un mes pasas de Campeón de Europa a triste colista conformista. Aquí se pide sangre si no se consiguen metas. Ya te he dicho que la mayoría de los que critican no tienen ni puta idea de fútbol. Téngalo en cuenta y sepa muy bien diferenciar las voces. Pero le insisto, vaya a muerte con la grada. Y déjeselo claro a los chavales.

Volví a girarme, el consejo o advertencia me dio sed. Di un nuevo trago y estuvimos un rato en silencio. Él me miraba cada dos por tres, como queriéndome decir algo que no se atrevía. Yo levantaba la mirada de vez en cuando y clavaba mis ojos en las botellas de ginebra que había en la estantería de detrás de la barra. Localicé el equipo de música que conectaba con el sonido ambiente. Por un momento sentí las ganas de saltarme la barra y arrancar el dispositivo de una patada, para callar al puto piano. Pero entendí que esa musiquilla le daba cierto glamour a la conversación y a la escena, al más puro estilo de una película de espías o de fugitivos de los años 40 estadounidenses.

-¿Has pensado ya lo que te dije?

Sabía que me lo preguntaría. Seguíamos mirando a los vasos. Yo tenía el mío entre las manos, tocándolo levemente con la punta de los dedos. Él tenía los brazos cruzados y los codos apoyados en la barra, parecía que quería mover el vaso sólo con la mirada.

-Sí, sigo sin querer volver, señor Machín.

-Sólo serían unos meses, mientras me hago con el equipo y la ciudad.

-Para eso están Joaquín y Carlos.

-Demasiado profesionales, demasiado sevillistas.

-¿Yo no lo soy?

-No lo sé, tú no cobras por fútbol. Ellos sí.

Sonreímos y le tuve que dar la razón. Entonces, en un nuevo silencio, sonó el chasquido del hielo en mi vaso, se derretía y se iban acomodando los cubitos en el fondo.

-Ya estoy casado, señor Machín. Casado y cansado. Quiero ver los toros desde la barrera, Ya sabe que aquí somos muy aficionados a los toros, ¿verdad?

-Sí, lo sé. Pero eso, "desde la barrera"...- asentí nuevamente con un gruñido.

-Deja lo de los aviones, sólo un tiempo, seguro que lo entienden en tu empresa.

-No, yo soy ingeniero, señor Machín, lo del fútbol ya pasó. Adiós, aquí esta mi pizarra, mis fichajes y el que quiera que me pida los petos, que los tengo hasta lavados y planchados.

-No sabes lo que te pierdes.- me advirtió Pablo.

-Sí, lo sé, por eso prefiero verte desde fuera. Leer Twitter, reírme, utilizar palabrotas cuando un sinvergüenza nos robe un partido, odiar otros escudos...

-Algún día volverás y el Sevilla será tu casa.

Me bajé de la banqueta y recogí mi chaqueta. Hasta ahora no he dicho que, aunque hiciera calor, yo llevaba chaqueta porque era un sitio elegante, pero sí, llevaba camisa y traje, como Pablo. Solté un billete de diez.

-Esta vez pago yo.

-¿Ya te vas?

-Sí, demasiado tarde. Ah, una cosa antes de irme.

-Dígame.

-No quite nunca al Mudo Vázquez. El Mudo, señor Machín, el mudo es la clave.- decía mientras me alejaba con la chaqueta al hombro y la mirada de Pablo Machín en mi espalda.

El 11 o el 13.

By : Alex González

A finales de los 90 y comienzos de los dosmiles (no sé cómo se dice esa primera década del siglo), dejé de ir acompañado al fútbol y empecé a realizar estación de penitencia yo solo. En todos los sentidos. Tanto en Semana Santa a la Catedral como en todo el año al Sánchez Pizjuán. Nunca fui pesimista, siempre pensaba que íbamos a ganar. Pero siempre. Aunque conforme iba entrando al estadio, me iba conformando con el empatito.


Lentillas al canto, porque las lupas podrían pegarse un carajazo cuando celebrara un gol en mitad de los Biris (sí, tíos, yo era un malote cuando era un teenager). Sudadera de Umbro, calentita, con más años que un bosque y con cremallera metálica que me metía en la boca durante todo el camino con tal de no hablar ni con mi madre. Después la sustituyó una Joma, que todavía me sigo poniendo, con su cremallera más blandita, como de silicona. Hace más agradable la mordida. Bonobús que al menos tenga dos piques por gastar, con transbordo, que yo era un niño de barrio. Y hora y media antes del partido ya estaba el menda bajando las escaleras de dos en dos. Portazo con la bufanda en la muñeca y a esperar el autobús. Me daba igual el 11 o el 13, ya veré dónde cogería el C1, pero el primero que viniese es al que me subía.


Pesimismo ninguno. Amaba a Caparrós. Amaba mis colores. Mi escudo. Y non plus ultra. Sentado en la grada, un huevo antes de tiempo, soportando el “I punto publicidad”, “It’s my life” de Bon Jovi y diecisiete “Tecafil tiene la solución”, además de los versionados perfectamente y de manera brillante por mis compañeros de grada con aquel “Benjamín tiene la solución”.

Salen a calentar los porteros. Monchi, Olsen, Notario, Esteban… Salen a calentar los jugadores rivales. Algún que otro abucheo. Alguno más fuerte de lo normal si se trata de un exbético. Enormes clases de zoología y de coaching sobre la madre del árbitro. Pelaba pipas cuando me acordaba de comprarlas.

Se acabó el partido. Normalidad absoluta. Con la cabeza más metida de la cuenta en la sudadera era señal de un 2 en la quiniela. Con las manos en los bolsillos de la sudadera, sobresaliendo la bufanda que seguía amarrada en la muñeca, señal de que había sido una humillación. La Victoria no hacía falta suponerla en mi cara. Parada del 13 en el Hotel Macarena. Parada del 11 en el Bazar España. El 13 me gustaba más, pasaba con más frecuencia. Había más personajes.

Veinte años de carnet, veinte años en los que, salvo cuando salieron Pastora Soler y Antoñito en la misma campaña de abonados, nunca le di más importancia de la que creo que debía tener. Y todavía, a día de hoy, hay gente que me dice que la campaña no le ilusiona. O que los fichajes no son lo que esperaban. O que este año la camiseta no es como él quería, que es muy simple o que es muy hortera, depende del núcleo en el que hable.

Pues tío, yo a estas alturas de julio voy a la taquilla con los ojos cerrados. Bueno, ya lo hago por internet por si me toca la camiseta. Y me da igual cómo sea. La prefiero blanca, como todas las que tengo, salvo la azul marino con el cuello blanco. Y el escudo, que venga el escudo, la razón de todo. Porque esa es la razón, el escudo. Paso de fichajes, de entrenadores y de su puta madre. Los conoceré o no, me gustarán o no, pero ilusionar me ilusiona cada nueva temporada, porque es el Sevilla FC. Porque es mi equipo. Y me ilusiono como en los últimos 19 años de carnet y los 6 ó 7 anteriores, que uno empezó por el 94 a conocer el fútbol con cierto sentido y desde entonces no me he bajado del burro. Y si empecé con Maradona, Suker, Zamorano o Buyo, después me tragué más de un Camacho de entrenador y un Marinakis, Machlas, Axel o Casagrande de portero. Que daban vergüenza hasta verlos en el FIFA 97 en la Mega Drive y prefería editarlos y ponerles el nombre de mis compañeros del colegio. Conmigo como delantero estrella, claro está. Hasta los amistosos me ilusionan en verano. Que los de Rota estaban graciosos, pero los amistosos en el Emirates de Londres me hacen más gracia. Amaba el Carranza y el Colombino, con premio. Pero se los cargaron. Nunca caímos bien por allí, pero nos invitaban porque necesitaban el dinero de los veraneantes. La gente se vende fácil cuando es un ruina envidioso. Llegaron las previas y las Supercopas y esos torneos ya no tenían ni a gente de la mitad alta de Primera División. Fuera torneitos chorras. Ahora con los Grandes. Más ilusión al saco.

Ilusión. Pues claro que tengo ilusión, cojones. Como cada año. Ahora ven, cuéntame todos los rollos que quieras y déjame que me vaya a la grada, que esto empieza ya y en Gol Norte, mientras que pueda, estaré viendo al Sevilla FC. Callaito, como siempre, disfrutando y sufriendo a partes iguales, pero callaito. Eso es, callaito. Estarse callaito y mira p’alante. Nuevo Sevilla FC, nueva temporada, pues a ilusionarse, como siempre.

Catastrofismo sevillista.

By : Alex González


Este año me he cubierto de gloria. Si miráis cuál fue mi última “contribución” al blog os daréis cuenta que hablaba de la Supercopa de Europa, en agosto. Con dos cojones. Me he pasado una liga entera prácticamente sin hablar del Sevilla FC. Ni de nada. Y eso que este año hemos tenido Champions, hemos pasado a Cuartos de final, hemos disfrutado arriba del todo, y volvemos a disfrutar de Europa el año que viene –no sé cuántas temporadas llevamos ya seguidas, creo que no merece la pena ni contarlas-. Horrible mi actitud de pasotismo bloguero. Y el otro blog puede que tenga algo más escrito, pero tampoco me he partido los dedos tecleando… https://elblogdealexgonzalez.blogspot.com. Vergonzoso.

Bueno, pues empecemos hablando de una nueva maravillosa y bonita temporada, o a grandes rasgos, de lo que hemos ido viviendo por nuestra Bombonera, en la que hemos contado muchísimos triunfos, un año más. Sin embargo, el final de temporada ha sido una mijita agrío. Creo que por ese ambiente endiosado que ha rodeado a Sampaoli y que finalmente se rompió como una copita de cristal cuando caímos contra el Leicester y cuando nos alejamos del liderato poco a poco, tras un par de meses de carajote, perdiendo partidos absurdos. Mucha gente se ilusionó con ganar la liga, una liga trucada, falseada y preparada sólo y exclusivamente para dos de los equipos que participan en esta gran mentira multimillonaria.

Foto de futbolsapiens.
Las palabras de Sampaoli siempre invitaban a ello, pero eran las palabras de un entrenador sin experiencia en España, ni siquiera en Europa, que no sabía cómo iba esto y que pensaba que con su mentalidad y la “colonización de las mentes” de los futbolistas, como él mismo dijo, iba a conseguir darle caza a las dos bestias tramposas de arriba del todo. La cosa empezó para comerle los huevos al argentino, y sería injusto culpar al entrenador sólo y exclusivamente de la caraja del equipo en ese tiempo en el que decaímos torpemente. Pero es fácil culparlo cuando nos engañó con un fútbol tan maravilloso en la primera vuelta -te puede gustar más o te puede gustar menos, pero ofensivo, valiente y ganador lo era con diferencia- y empezar el mes de febrero con un fútbol totalmente contrario a su filosofía de juego y los rumores de la Selección Argentina revoloteando por su alrededor. Lo peor es que él nunca desmintió que se fuera a quedar o marchar. Esa inquietud o esa indecisión no es buena en ningún equipo de trabajo, en cualquier modalidad profesional. En esta menos, donde hay tanta gente opinando, le gustase o no a este entrenador.

La marcha de Monchi también ha sido otro punto negativo de la temporada. Triste, más que negativo, puesto que la continuidad de gente como Óscar Arias y del resto del grupo de trabajo en la Dirección Deportiva hace que, al menos yo, siga siendo positivo y optimista con los planes del Sevilla FC para el próximo año. Puede que no sea lo mismo en el aspecto de “negociador” –aunque aún no se sabe-, pero esta cuadrilla sevillista del “mercado” se sabe mover como nadie por ese mundo, así que no me extrañaría que la cosa siguiese igual. Este movimiento puede que desequilibrara un poco más la cosa.

El mamoneo del Presidente con Los Biris enturbia otro poquito el ambiente. La plaza de toros en la que se convirtió nuestro estadio durante muchos partidos no es que consiguiera animar demasiado a los futbolistas en partidos claves, ahondando un poco más en el desánimo de los jugadores. Gracias a las intercesiones divinas y al sagrado vete tú a saber qué, ambos llegaron a un acuerdo: Todo sigue igual y la hemos liado pero bien, los dos. Cuestión de egos. Yo siempre he dicho que si mi equipo lo está pasando mal, a mí me importa un carajo quién está en la directiva o en el banquillo, yo me partía los cuernos animando y empezaba una pañolada o un abucheo cuando los partidos acabasen. No antes. Pero como esto ya es política también, pues parece que ceder una mijita es perder y ya el Sevilla FC es importante pero como medio o instrumento, no como símbolo.

Catastrofismo. Lo puse al principio. Porque veis que sólo he puesto cosas malas, ¿no? Pues toda la liga entre los 4 primeros. Toda. En Champions echándole huevos a la Juventus (finalista de la competición), al Lyon (semifinalista de la Europa League) y al Dinamo de Zagreb. Mostrando cuando quisimos un fútbol espectacular, de lo que ahora se llama preciosista. Pues nada. Catastrofismo.
Esa es la esencia del sevillismo actual, sobre todo en las redes sociales, da pena leernos. Pareció durante unos meses que íbamos a 2ªB del tirón, peor que las criaturitas que, un año más, vuelven a saborear las delicias de la derrota en un derbi (por duplicado esta vez). ¿Por qué somos así? ¿Somos carajotes o qué pasa? ¿No sabemos disfrutar de las cosas? ¿De verdad que los medios de comunicación pueden influir tanto en la opinión de la gente? En fin, catastrofismo infundado. Mejor dicho: desenfundado.
Foto de abc.es

Y a las puertas de un nuevo final de liga, clasificados para la Champions prácticamente (al menos en fase previa), me gustaría brindar por un nuevo año exitoso. Sí, tío, es exitoso, cojones. Mirad la puntuación, mirad la plantilla, mirad nuestras constantes aspiraciones… Es éxito.
Disfruten de lo que queda, que merece la pena, dejen el catastrofismo.

Nota: Sería absurdo decir que voy a escribir otro artículo antes de que acabe la temporada, porque si me tomo el mismo tiempo que para este... a lo mejor hablo de la Copa por Diciembre. Bueno, ya veremos, disfruten. Y gracias por visitar mi blog y leer este post!

Iacta Alea Est

By : Alex González

O como se ha difundido a través de los tiempos "Alea Iacta Est". La suerte está echada.

Dicen que estando Julio César a caballo en la Galia, justo en la frontera con la península itálica, y cruzando el río Rubicón, el célebre emperador pronunció esas palabras cuando vio que ya era definitivamente inevitable el enfrentamiento civil con Pompeyo. El hecho en sí no fue tan destacable, pero el río marcaba la frontera entre la provincia donde César tenía poder sobre sus tropas e Italia, a donde no podía acceder más que como un ciudadano normal sin poderes militares.

Cuando Pompeyo se enteró de la noticia, intentó trasladar su Corte y el Senado a Grecia huyendo de la posible enfrenta. En apenas tres meses, Julio César se hizo con Italia entera y, en vez de perseguir hasta Grecia a Pompeyo, retrocedió sobre sus pasos y llegó hasta la actual Lérida, donde derrotó a uno de las tropas de Pompeyo que quedaron rezagadas del ataque comenzado en la Galia.


Julio César se atrevió a dominar en un terreno que le estaba vetado. El triunvirato de Pompeyo, Craso y Julio César impedía que ninguno de los tres tuviera ambición y ansias de poder sobre las provincias gobernadas por cualquiera de sus compañeros. Pero se atrevió. Basta ya de dominar y guerrear en las inhóspitas tierras galas, donde los helvecios, arvernos y heduos le complicaban la vida sin parar al futuro dictador y emperador Julio César, para aumentar la grandeza y el orgullo de Roma, mientras Pompeyo vivía tranquilamente y aumentando sus arcas familiares sin moverse de su residencia en la Roma del 50 a.C.

Quizás porque por nuestras tierras también nacieron emperadores romanos o porque las lobas de nuestra ciudad amamantan a futuros legionarios hispalenses, hubo quienes se atrevieron a poner la pica en Flandes -ahora nos hemos movido más de mil quinientos años hacia adelante- y nos atrevimos a destrozar un triunvirato injusto y mal repartido.
Quizás por tantos años de gloria por Europa sin ser reconocidos en casa, en nuestro propio país, algunos nos cansamos y fuimos capaces de decir basta.

Entramos en tierra prohibida y, aunque muchas veces se libren y sobrevivan de las sangrientas batallas, ya temen de la actitud y la fiereza de las tropas hispalenses. Ya saben de nuestra entrega. Ya conocen nuestros pilums y nuestros scutums. Ya les quitamos terreno y provincias, ya no entran fácil por nuestra tierra y nos miran por encima del hombro; ya nos miran de "reojo" y nos respetan. Todo porque nos atrevimos a adentrarnos en terreno vetado.

Es la Supercopa de España otra provincia que verá nuestras tropas hambrientas de triunfos y victorias. Lo fue la Supercopa de Europa, aunque la derrota se nos presentara de forma tan cruel. Y si nuestro país no es capaz de reconocer el mérito que tiene nuestra lucha y nuestra causa es por la sencilla razón de que es más fácil vivir siendo un plebeyo al servicio del más tirano de los emperadores que tener que luchar cada vez que quieran quitarnos un trocito de nuestra gloria.

Ahora no, queridos rivales, ahora miraremos desde nuestro balcón de Itálica cómo nuestras legiones de soldados pelean y dignifican el nombre de Híspalis. Os disputaremos cada palmo de terreno, cada minuto que quede por pelear, la gloria tiene que ser nuestra. Y si no, seguiremos preparados para la próxima batalla.


Para concluir la 2015-16...

By : Alex González

Estaba planeando escribir este artículo desde que iba de vuelta en el autobús en la Final de Copa, del pasado domingo 22. Lo tenía todo ya super-pensado y hasta el día en que lo iba a publicar. Pero de pronto, de golpe y porrazo, la noticia de la semana me golpeó y me dejó sin un esquema claro para el post de hoy, con el que concluía la temporada.

Monchi se va. Vaya acojone nos ha entrado a más de uno.
He de decir, que entre lo que me fío de un periodista deportivo y de las vueltas que sé que dan las cosas en el mundo del fútbol, no perdí los nervios ni llegué a pasarme por el estadio como algún que otro friki ha hecho en estos dos días, desde que se corrió la noticia.

Finalmente, y para que yo pudiese escribir este post en condiciones ;) el Sevilla FC ha publicado en su web oficial que Monchi no dejará el equipo, puesto que lo une un contrato hasta 2020. 24 horas de pajeo mental en twitter -y las que nos quedan...-, para que al final todo se resuelva con un "po seguimos igual, pero en raro".

Evidentemente, esto modifica el post que tenía pensado escribir hoy, puesto que la gravedad del asunto así lo requiere, aunque me temo que lo que haré sea alargar un poco más el artículo y ya nos vamos de vacaciones o de "eurocopeo"...

En primer lugar, he visto perder tantos jugadores con tantísima calidad, desde Suker -cuando yo era un niño de 10 añitos-, hasta Navas, Alves, Luis Fabiano, Ramos, Reyes... étc.
He visto fallecer a un futbolista canterano que prometía y que incluso ya debutó con la Selección Española.
He visto a un Presidente entrar en la cárcel por temas externos al fútbol y cómo la Directiva se ha tambaleado para al final conseguir cierta estabilidad.
He visto, aunque recuerdo muy de pasada, porque sólo tenía 8 años, aquél verano del 95 en el que casi nos vamos a Segunda División B.
Y después de todo esto, el Sevilla FC sigue vivo. Y por eso, ninguna noticia me procupa tantísimo como para no poder dormir.

Hay que tener en cuenta, como ya dijera Del Nido, que imprescindibles sólo son la Afición, el Escudo y la Bandera del Sevilla FC. Y así lo pienso.
Es verdad que la marcha del artífice, con mayúsculas, de las planificaciones deportivas de las últimas 16 temporadas puede sonar a una auténtica tragedia, pero hay que pensar varias cosas:
Monchi no trabaja solo, tiene un grupo de ojeadores y profesionales de la materia que, creo, están perfectamente capacitados para llevar a cabo la tarea que tenía el de San Fernando. Y tiene, ya que continúa.
Monchi es persona. Ergo, algún día tendrá que llegar su despedida. Tarde o temprano. Y por los motivos que sean.
Emery sigue en el Sevilla FC, luego me hace pensar que éste otro enfermo del fútbol sabrá cómo "rellenar" la plantilla con las nuevas incorporaciones y decir qué es lo que necesita.

No tengo miedo, aunque sí incertidumbre. Son pequeñas apuestas que el fútbol te hace proponer. Con no arriesgar demasiado, no pierdes mucho. Ahora es lógico pensar que sería una tragedia griega y que nos iríamos poco menos que a Segunda División, pero yo no lo creo. Considero que hay una estructura firme, una base sólida, por la que un proyecto decente deportivo no tiene por qué fracasar. Al contrario, puede ser una nueva oportunidad, como todos los riesgos que se tomen en tiempos de crisis.

Puede que sea demasiado optimista o que esté acostumbrado a salir bien de las decisiones que han tomado las distintas directivas del club durante mi vida. Ya no es la Directiva de Rafael Carrión o de Caldas. Ya parece una empresa sólida, con cimientos fuertes, no creo que la marcha de uno de los pilares tenga que suponer la peor de las desdichas... e insisto, hay mucha gente trabajando con Monchi que sabe perfectamente cómo seguir trabajando en el ámbito de la dirección deportiva. Confíemos si Monchi nos deja algún día.

Bueno, pues todo esto que he dicho era para quedarme agusto, después de estas 24 horas de nerviosismo tuitero, en el que todo el mundo sabía más que el propio Monchi. Por cierto, vergüenza ajena de cómo se han "esplayado" los periodistas deportivos de nuestra ciudad, lamentable. Y, que no se me olvide decir, que Fede Quintero cada vez me da más pena. Ha hecho su trabajo, sí, pero creo que no lo ha hecho completamente bien. Pero bueno, es el "dueño" del elDesmarque, ¿no? Él sabrá cómo hacer las cositas...

Bien, pues pasemos al tema original de este post, el final de temporada.

Podemos dividir, como es lógico, el curso deportivo en varias categorías. Lo más normal sería hablar por competiciones:

LIGA.
Evidentemente, lo que más salta a la vista de la liga completada ha sido el no ganar ni un partido fuera de casa. Ha habido partidos que el Sevilla FC ha empatado de milagro, otros que no sabemos cómo hemos llegado a perder y otros que nos sabemos si el Sevilla FC se llegó a presentar. Esto hace que nuestra clasificación se resienta, puesto que nos obligaría a vencer en todos los partidos en casa, algo que es muy difícil. De hecho, no lo hemos conseguido.
En una liga tan mediocre como la nuestra, si nos fijamos bien, con haber ganado 3 ó 4 partidos fuera de casa, hubiéramos llegado a los puestos de Champions, alcanzando al Villarreal (considerando por supuesto que el partido en el Madrigal también se hubiese ganado).
Se vio claramente cómo el Sevilla FC abandonó la competición liguera a dos meses de terminarla, puesto que los puestos europeos estaban casi asegurados y la cuarta plaza casi imposible. Por lo que, inteligentemente, aunque arriesgado, el club se volcó de pleno con la Copa del Rey y la Europa League, nuestra Copa. No me pareció mala idea. Ya digo, arriesgada, pero no incorrecta. Quizás, si el Sevilla FC no hubiese ganado la Europa League de nuevo y no nos hubiésemos clasificado para la Champions, la planificación no hubiese sido la idónea. Puede ser, pero volvemos a hablar de apuestas y de trabajo constante ;)

COPA DEL REY.
Para olvidar el chasco del año pasado frente al Espanyol, equipo que llegó lejos en la competición pero porque ni Sevilla FC ni Valencia lo tomaron en serio, nuestro club apostó fuerte por esta competición y tras humillar al rival de la Palmera, el Sevilla FC salió lanzado y llegó hasta la Final, donde nos encontramos a un Barcelona todopoderoso, pero que llegó a estar contra las cuerdas.
Para mí, ha sido una auténtica lástima que el Sevilla FC haya perdido esta competición cuando la teníamos tan cerquita. El cansancio físico de haber jugado dos finales en cuatro días no nos ayudó en absoluto.
Y lo que duele es lo cerquita que estaba, no cómo la perdimos, porque el recital del Sevilla FC en el Calderón, casi cerrando al Barcelona en su campo, después de todo lo que sufrimos en Basilea... aish, estaba ahí y no llegamos. El Barcelona nunca perdona. Y es todo un honor haber perdido así y contra ellos. En la Supercopa de España nos volveremos a ver.

EUROPA LEAGUE, la UEFA.
Otro año más, otra Copa de la UEFA para nuestras vitrinas. Y es la quinta vez que nos alegran la vida desde Europa. La tercera consecutiva. Qué maravilla.

Qué manera de asustar a la "famosa" afición de Anfield, esa que supuestamente acojonaba nada más escuchar su "You'll never walk alone", que se redujo a un par de versos en los primeros minutos de partido... Qué bonito es poder decir, ¿este rival también es ridículo para ganar una UEFA? y dejar a muchos bainas con la palabra en la boca, con la carita desfigurada y pensando que su vida no tiene sentido.
Hemos vivido tantas cosas con esta competición que sería imposible recoger en un único artículo todo ello. Pero ahora, considero, que el Sevilla FC tiene que dar un pasito adelante, dejar la Europa League de lado y pensar en unos Cuartos de Final o unos Octavos de Champions. No hay título, no "se toca" plata, como algunos desean, pero el nombre de nuestro Sevilla FC se hace mucho más presente y suena mucho más peligroso que como ahora está sonando. Ese saltito puede ser crucial, no sólo en lo deportivo, sino también en lo institucional y económico. No olviden las grandes cantidades de dinero que maneja la Champions League. Y este año estamos en el bombo 2 del sorteo. Ni previas ni cocos demasiado complicados como los de este año. Puede que haya alguno, pero la probabilidad de que nos toque ha bajado considerablemente.
Demos el saltito, puede ser precioso.

SUPERCOPA de EUROPA.
Competición a la que vamos a presentarnos en agosto por tercera vez consecutiva y que hemos perdido en las dos últimas, puesto que el "desvalijo" al que nos someten los grandes en cada mercado veraniego, hace que la plantilla empiece de nuevo dos semanas antes de la competición a la que llegamos justitos de forma y preparación.
Aún así, este 2015 contra el Barcelona ha sido bastante apasionante, con aquél 4-4 que forzamos a la prórroga. Lástima que Pedrito quisiera despedirse del Barcelona aquél mismo puto día. En fin... a ver este verano si vamos más preparados contra el Real Madrid, que ya nos quitó una en el verano del 2014.

Así terminaría el resumen de las competiciones que hemos disputado, con un poquito de mi opinión personal sobre cada una de ellas.

El 9 de agosto empezaríamos de nuevo el juego. Supercopa en Noruega contra un Real Madrid que ha ganado la Champions "al límite" y sufriendo. Varios días después jugaremos la Supercopa de España, contra el Barcelona, que según los medios catalanes van a dejarnos sin Krychowiak, sin Gameiro e incluso sin Mariano... Dios mío.

Es cuanto menos ilusionante, la verdad. Pero lo que más me pone es el sorteo de Champions. Volver a la competición de las competiciones. Dejémonos de rollos, estar ahí es de Grandes y mantenernos algunos años sonando en Octavos o Cuartos es bastante importante para el club.

Por cierto, para concluir, me gustaría decir que lo primero que sentí cuando perdimos la Copa del Rey, en cuanto vi al Barcelona mirar a nuestra afición cómo cantaba a sus jugadores y cómo el espectáculo estaba en la grada de los "perdedores" en vez del coro que recogía la copa, es un "SOMOS GRANDES". Fue lo primero que se me vino a la cabeza. No por la tontería esa de cantar hasta el minuto 120 y seguir haciéndolo cuando perdimos, sino por el hecho de que el Barcelona celebrase el título de la forma en la que lo hizo, cuando se vio encerrado y casi eliminado.
Fue lo que pensé cuando vi a los jugadores llorar por perder una nueva final, habiendo ganado una cuatro días antes. Esa es la grandeza. Haber jugado dos finales en cuatro días, haber ganado una y echar en falta la otra. Además, de ir planificando y pensando en dos Supercopas en agosto. Ni se dice pronto, ni se dice fácil, ni lo hace cualquiera. Es sólo para GRANDES.



PENTACAMPEONES DE EUROPA LEAGUE

By : Alex González

Enhorabuena, sevillistas, una vez más, nuestro Sevilla se corona como CAMPEÓN de la EUROPA LEAGUE.

El sueño que estamos viviendo con esas 2 finales en cuatro días, peleando con todo un Liverpool, callando el famoso pero esta vez impotente "You´ll never walk alone...", consiguiendo el Título en propiedad tras conseguirlo tres años consecutivos y cinco en total, clasificándonos para la Champions League de manera directa y cayendo en el bombo 2 de los mejores equipos europeos... este sueño no para, seguimos soñando con los ojos bien abiertos, con las ilusiones como si todavía no hubiéramos conseguido nada, con hambre de títulos, de victorias, de enemigos para tumbar.

Señores, disfruten lo que estamos viviendo, el Sevilla FC se ha convertido en un Grande de Europa y sigue con paso firme hacia esa élite que sólo unos cuantos pueden llegar a pisar y que tantos otros ni siquiera se atreven a soñar.

Pero calma, queremos más, el domingo más, otra final. Ya lo dijimos en el artículo de la semana pasada: Necesitamos jugar finales. Ahora vamos a por el Barcelona, el que nos quitó la Supercopa de Europa en agosto, el que ya nos quitó una Supercopa de España en 2010. Ese mismo. El que está considerado el mejor equipo del mundo actualmente. Ese nos espera y nosotros no vamos a faltar a la cita.

Que sigan las bufandas y las banderas al vuelo, todavía nos quedan batallas que librar...

La necesidad de jugar finales

By : Alex González
Quizás puedan acusarme de ventajista si escribo esto que van a leer a estas alturas de la competición, a las puertas de otra noche mágica en Nervión.
Puede que no comprendan mucho de lo que escribo, porque hay cosas que es mejor vivirlas, y algunas son tan personales que pueden ser para el que lee algo muy frío y para el que escribe algo apasionante. Pero creo que ustedes han vivido algo parecido o "de otra manera" con sus familias. Seguro.

Por la bendita costumbre que está cogiendo nuestro Sevilla de llegar a semifinales un año tras otro, las costumbres por feria y por el mes de mayo van cambiando en mi familia. Supongo que a estas alturas de la película ya me habrán leído lo poco que nos hace falta en mi casa para que nos reunamos unos cuantos de primos y tíos para celebrar algo. Y vaya si estamos celebrando, me cago en la leche.
Tampoco creo que les tenga que recordar los abril y mayo de los tres últimos años. Por si acaso: Erbeti, Villarreal, Valencia, Benfica, Zenit, Fiorentina, Dnipro, Athletic y Shaktar. Me encanta cuando dicen que no nos hemos enfrentado a rivales de identidad.

Pues resulta que tras un jueves de Feria sentados en una confiteria de la calle Asunción viendo el partido contra el Zenit, acordamos a la mañana siguiente entre mis primos y yo, reunirnos en mi casa para ver la vuelta contra la Fiore. Así lo hicimos. Cuando el partido se resolvió en un par de lances, pues hicimos lo propio con la final: nos reuniremos para ver la final de Varsovia.

Y a las dos semanas, todos vestidos de rojo, llenamos mi salón:

Allí estaba mis primos Miguel y Fernando, mi hermana Eugenia, mi hermanito chico -que lo es por parte de madre y no de padre- y mi padre, propiamente, del que ya hablamos en este otro artículo y al que hicimos comprar algunas viandas como quesos de untar, fuet, embutidos y porquerías varias que, aunque no quitaran el hambre, nos engañara el estómago mientras no podíamos despegar la mirada del televisor. Aparte de la consabida Coca Cola Zero, que se mantiene a flote en la compañía más grande de refrescos gracias a la insistencia de mis dos primos diabéticos, mi hermana maniática con la Zero y un servidor, que por no pedir una botella sólo y exclusivamente para mí pues se adapta al sabor de la Zero.

Tras este espacio publicitario gratuito, que es lo que más me jode, continúo.

No fueron pocos los nervios que se palparon en el salón, ni trocitos de regañá y de fuets que terminaron rodando por el suelo a cuenta del árbitro y las cabalgadas de un tal Konoplyanka. Pero con el 2-2 en el marcador, en un rebote mal despejado de la defensa ucraniana y con Bacca solo con el portero y el balón entremedio, mi salón se convirtió en un agujero oscuro y profundo en el que todos nos transformamos en algo que no sé si somos o es que lo llevamos por dentro. Gol.

Mi primo Miguel celebró el gol tirándose al suelo de rodillas, como si fuera el mismo Carlos Bacca, señalando al cielo y sin sentir las dos operaciones recientemente hechas en los meniscos y las rodillas.
Mi primo Fernando llevándose las manos a la cabeza llorando y dando vueltas sobre sí mismo.
Mi hermana besándome el claro que empieza a aparecerme por la coronilla, mientras que yo, caído en el suelo, apoyaba la espalda en el sofá, con las manos levantadas y llorando.
Mi hermano, enganchado a la pierna de mi padre, celebrándolo con él y medio llorando también.
Ninguno fuimos conscientes de lo que estábamos haciendo. Ninguno caímos en lo que salía de nosotros. Se acabó el partido. Bufanda, bandera, camiseta y camino de la Puerta de Jerez.

Con el tiempo analicé ese momento de explosión. Y aquí está escrito. No fue exactamente como lo he contado, seguro que me he dejado un detalle en la mochila. Es imposible acordarse de algo si no merece verdaderamente la pena. Fue un momento mágico. Único. Ruego que vuelvan a leer a cada uno de mis familiares, cómo estábamos y cómo terminamos. Magia pura. Demente.

Y eso me hace falta. Yo lo necesito. Tengo la necesidad de jugar finales. De llegar a ellas. De jugar semifinales contra grandes de Europa y decirles desde mi casa: "Mirad, estamos locos". Quiero llenar mi casa todos los meses de abril y mayo de la mayor de las alegrías, de la mayor de las celebraciones, de la mayor de las historias. Quiero llegar a las finales.

Fue el jueves pasado la última vez que nos reunimos en mi salón. Nos reuniremos en el partido de vuelta. Y esperamos tener que volvernos a ver en mi salón cuando defendamos de nuevo nuestra Copa. Lo necesitamos. Necesitamos jugar finales.


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