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El 11 o el 13.

By : Alex González

A finales de los 90 y comienzos de los dosmiles (no sé cómo se dice esa primera década del siglo), dejé de ir acompañado al fútbol y empecé a realizar estación de penitencia yo solo. En todos los sentidos. Tanto en Semana Santa a la Catedral como en todo el año al Sánchez Pizjuán. Nunca fui pesimista, siempre pensaba que íbamos a ganar. Pero siempre. Aunque conforme iba entrando al estadio, me iba conformando con el empatito.


Lentillas al canto, porque las lupas podrían pegarse un carajazo cuando celebrara un gol en mitad de los Biris (sí, tíos, yo era un malote cuando era un teenager). Sudadera de Umbro, calentita, con más años que un bosque y con cremallera metálica que me metía en la boca durante todo el camino con tal de no hablar ni con mi madre. Después la sustituyó una Joma, que todavía me sigo poniendo, con su cremallera más blandita, como de silicona. Hace más agradable la mordida. Bonobús que al menos tenga dos piques por gastar, con transbordo, que yo era un niño de barrio. Y hora y media antes del partido ya estaba el menda bajando las escaleras de dos en dos. Portazo con la bufanda en la muñeca y a esperar el autobús. Me daba igual el 11 o el 13, ya veré dónde cogería el C1, pero el primero que viniese es al que me subía.


Pesimismo ninguno. Amaba a Caparrós. Amaba mis colores. Mi escudo. Y non plus ultra. Sentado en la grada, un huevo antes de tiempo, soportando el “I punto publicidad”, “It’s my life” de Bon Jovi y diecisiete “Tecafil tiene la solución”, además de los versionados perfectamente y de manera brillante por mis compañeros de grada con aquel “Benjamín tiene la solución”.

Salen a calentar los porteros. Monchi, Olsen, Notario, Esteban… Salen a calentar los jugadores rivales. Algún que otro abucheo. Alguno más fuerte de lo normal si se trata de un exbético. Enormes clases de zoología y de coaching sobre la madre del árbitro. Pelaba pipas cuando me acordaba de comprarlas.

Se acabó el partido. Normalidad absoluta. Con la cabeza más metida de la cuenta en la sudadera era señal de un 2 en la quiniela. Con las manos en los bolsillos de la sudadera, sobresaliendo la bufanda que seguía amarrada en la muñeca, señal de que había sido una humillación. La Victoria no hacía falta suponerla en mi cara. Parada del 13 en el Hotel Macarena. Parada del 11 en el Bazar España. El 13 me gustaba más, pasaba con más frecuencia. Había más personajes.

Veinte años de carnet, veinte años en los que, salvo cuando salieron Pastora Soler y Antoñito en la misma campaña de abonados, nunca le di más importancia de la que creo que debía tener. Y todavía, a día de hoy, hay gente que me dice que la campaña no le ilusiona. O que los fichajes no son lo que esperaban. O que este año la camiseta no es como él quería, que es muy simple o que es muy hortera, depende del núcleo en el que hable.

Pues tío, yo a estas alturas de julio voy a la taquilla con los ojos cerrados. Bueno, ya lo hago por internet por si me toca la camiseta. Y me da igual cómo sea. La prefiero blanca, como todas las que tengo, salvo la azul marino con el cuello blanco. Y el escudo, que venga el escudo, la razón de todo. Porque esa es la razón, el escudo. Paso de fichajes, de entrenadores y de su puta madre. Los conoceré o no, me gustarán o no, pero ilusionar me ilusiona cada nueva temporada, porque es el Sevilla FC. Porque es mi equipo. Y me ilusiono como en los últimos 19 años de carnet y los 6 ó 7 anteriores, que uno empezó por el 94 a conocer el fútbol con cierto sentido y desde entonces no me he bajado del burro. Y si empecé con Maradona, Suker, Zamorano o Buyo, después me tragué más de un Camacho de entrenador y un Marinakis, Machlas, Axel o Casagrande de portero. Que daban vergüenza hasta verlos en el FIFA 97 en la Mega Drive y prefería editarlos y ponerles el nombre de mis compañeros del colegio. Conmigo como delantero estrella, claro está. Hasta los amistosos me ilusionan en verano. Que los de Rota estaban graciosos, pero los amistosos en el Emirates de Londres me hacen más gracia. Amaba el Carranza y el Colombino, con premio. Pero se los cargaron. Nunca caímos bien por allí, pero nos invitaban porque necesitaban el dinero de los veraneantes. La gente se vende fácil cuando es un ruina envidioso. Llegaron las previas y las Supercopas y esos torneos ya no tenían ni a gente de la mitad alta de Primera División. Fuera torneitos chorras. Ahora con los Grandes. Más ilusión al saco.

Ilusión. Pues claro que tengo ilusión, cojones. Como cada año. Ahora ven, cuéntame todos los rollos que quieras y déjame que me vaya a la grada, que esto empieza ya y en Gol Norte, mientras que pueda, estaré viendo al Sevilla FC. Callaito, como siempre, disfrutando y sufriendo a partes iguales, pero callaito. Eso es, callaito. Estarse callaito y mira p’alante. Nuevo Sevilla FC, nueva temporada, pues a ilusionarse, como siempre.

Catastrofismo sevillista.

By : Alex González


Este año me he cubierto de gloria. Si miráis cuál fue mi última “contribución” al blog os daréis cuenta que hablaba de la Supercopa de Europa, en agosto. Con dos cojones. Me he pasado una liga entera prácticamente sin hablar del Sevilla FC. Ni de nada. Y eso que este año hemos tenido Champions, hemos pasado a Cuartos de final, hemos disfrutado arriba del todo, y volvemos a disfrutar de Europa el año que viene –no sé cuántas temporadas llevamos ya seguidas, creo que no merece la pena ni contarlas-. Horrible mi actitud de pasotismo bloguero. Y el otro blog puede que tenga algo más escrito, pero tampoco me he partido los dedos tecleando… https://elblogdealexgonzalez.blogspot.com. Vergonzoso.

Bueno, pues empecemos hablando de una nueva maravillosa y bonita temporada, o a grandes rasgos, de lo que hemos ido viviendo por nuestra Bombonera, en la que hemos contado muchísimos triunfos, un año más. Sin embargo, el final de temporada ha sido una mijita agrío. Creo que por ese ambiente endiosado que ha rodeado a Sampaoli y que finalmente se rompió como una copita de cristal cuando caímos contra el Leicester y cuando nos alejamos del liderato poco a poco, tras un par de meses de carajote, perdiendo partidos absurdos. Mucha gente se ilusionó con ganar la liga, una liga trucada, falseada y preparada sólo y exclusivamente para dos de los equipos que participan en esta gran mentira multimillonaria.

Foto de futbolsapiens.
Las palabras de Sampaoli siempre invitaban a ello, pero eran las palabras de un entrenador sin experiencia en España, ni siquiera en Europa, que no sabía cómo iba esto y que pensaba que con su mentalidad y la “colonización de las mentes” de los futbolistas, como él mismo dijo, iba a conseguir darle caza a las dos bestias tramposas de arriba del todo. La cosa empezó para comerle los huevos al argentino, y sería injusto culpar al entrenador sólo y exclusivamente de la caraja del equipo en ese tiempo en el que decaímos torpemente. Pero es fácil culparlo cuando nos engañó con un fútbol tan maravilloso en la primera vuelta -te puede gustar más o te puede gustar menos, pero ofensivo, valiente y ganador lo era con diferencia- y empezar el mes de febrero con un fútbol totalmente contrario a su filosofía de juego y los rumores de la Selección Argentina revoloteando por su alrededor. Lo peor es que él nunca desmintió que se fuera a quedar o marchar. Esa inquietud o esa indecisión no es buena en ningún equipo de trabajo, en cualquier modalidad profesional. En esta menos, donde hay tanta gente opinando, le gustase o no a este entrenador.

La marcha de Monchi también ha sido otro punto negativo de la temporada. Triste, más que negativo, puesto que la continuidad de gente como Óscar Arias y del resto del grupo de trabajo en la Dirección Deportiva hace que, al menos yo, siga siendo positivo y optimista con los planes del Sevilla FC para el próximo año. Puede que no sea lo mismo en el aspecto de “negociador” –aunque aún no se sabe-, pero esta cuadrilla sevillista del “mercado” se sabe mover como nadie por ese mundo, así que no me extrañaría que la cosa siguiese igual. Este movimiento puede que desequilibrara un poco más la cosa.

El mamoneo del Presidente con Los Biris enturbia otro poquito el ambiente. La plaza de toros en la que se convirtió nuestro estadio durante muchos partidos no es que consiguiera animar demasiado a los futbolistas en partidos claves, ahondando un poco más en el desánimo de los jugadores. Gracias a las intercesiones divinas y al sagrado vete tú a saber qué, ambos llegaron a un acuerdo: Todo sigue igual y la hemos liado pero bien, los dos. Cuestión de egos. Yo siempre he dicho que si mi equipo lo está pasando mal, a mí me importa un carajo quién está en la directiva o en el banquillo, yo me partía los cuernos animando y empezaba una pañolada o un abucheo cuando los partidos acabasen. No antes. Pero como esto ya es política también, pues parece que ceder una mijita es perder y ya el Sevilla FC es importante pero como medio o instrumento, no como símbolo.

Catastrofismo. Lo puse al principio. Porque veis que sólo he puesto cosas malas, ¿no? Pues toda la liga entre los 4 primeros. Toda. En Champions echándole huevos a la Juventus (finalista de la competición), al Lyon (semifinalista de la Europa League) y al Dinamo de Zagreb. Mostrando cuando quisimos un fútbol espectacular, de lo que ahora se llama preciosista. Pues nada. Catastrofismo.
Esa es la esencia del sevillismo actual, sobre todo en las redes sociales, da pena leernos. Pareció durante unos meses que íbamos a 2ªB del tirón, peor que las criaturitas que, un año más, vuelven a saborear las delicias de la derrota en un derbi (por duplicado esta vez). ¿Por qué somos así? ¿Somos carajotes o qué pasa? ¿No sabemos disfrutar de las cosas? ¿De verdad que los medios de comunicación pueden influir tanto en la opinión de la gente? En fin, catastrofismo infundado. Mejor dicho: desenfundado.
Foto de abc.es

Y a las puertas de un nuevo final de liga, clasificados para la Champions prácticamente (al menos en fase previa), me gustaría brindar por un nuevo año exitoso. Sí, tío, es exitoso, cojones. Mirad la puntuación, mirad la plantilla, mirad nuestras constantes aspiraciones… Es éxito.
Disfruten de lo que queda, que merece la pena, dejen el catastrofismo.

Nota: Sería absurdo decir que voy a escribir otro artículo antes de que acabe la temporada, porque si me tomo el mismo tiempo que para este... a lo mejor hablo de la Copa por Diciembre. Bueno, ya veremos, disfruten. Y gracias por visitar mi blog y leer este post!

Iacta Alea Est

By : Alex González

O como se ha difundido a través de los tiempos "Alea Iacta Est". La suerte está echada.

Dicen que estando Julio César a caballo en la Galia, justo en la frontera con la península itálica, y cruzando el río Rubicón, el célebre emperador pronunció esas palabras cuando vio que ya era definitivamente inevitable el enfrentamiento civil con Pompeyo. El hecho en sí no fue tan destacable, pero el río marcaba la frontera entre la provincia donde César tenía poder sobre sus tropas e Italia, a donde no podía acceder más que como un ciudadano normal sin poderes militares.

Cuando Pompeyo se enteró de la noticia, intentó trasladar su Corte y el Senado a Grecia huyendo de la posible enfrenta. En apenas tres meses, Julio César se hizo con Italia entera y, en vez de perseguir hasta Grecia a Pompeyo, retrocedió sobre sus pasos y llegó hasta la actual Lérida, donde derrotó a uno de las tropas de Pompeyo que quedaron rezagadas del ataque comenzado en la Galia.


Julio César se atrevió a dominar en un terreno que le estaba vetado. El triunvirato de Pompeyo, Craso y Julio César impedía que ninguno de los tres tuviera ambición y ansias de poder sobre las provincias gobernadas por cualquiera de sus compañeros. Pero se atrevió. Basta ya de dominar y guerrear en las inhóspitas tierras galas, donde los helvecios, arvernos y heduos le complicaban la vida sin parar al futuro dictador y emperador Julio César, para aumentar la grandeza y el orgullo de Roma, mientras Pompeyo vivía tranquilamente y aumentando sus arcas familiares sin moverse de su residencia en la Roma del 50 a.C.

Quizás porque por nuestras tierras también nacieron emperadores romanos o porque las lobas de nuestra ciudad amamantan a futuros legionarios hispalenses, hubo quienes se atrevieron a poner la pica en Flandes -ahora nos hemos movido más de mil quinientos años hacia adelante- y nos atrevimos a destrozar un triunvirato injusto y mal repartido.
Quizás por tantos años de gloria por Europa sin ser reconocidos en casa, en nuestro propio país, algunos nos cansamos y fuimos capaces de decir basta.

Entramos en tierra prohibida y, aunque muchas veces se libren y sobrevivan de las sangrientas batallas, ya temen de la actitud y la fiereza de las tropas hispalenses. Ya saben de nuestra entrega. Ya conocen nuestros pilums y nuestros scutums. Ya les quitamos terreno y provincias, ya no entran fácil por nuestra tierra y nos miran por encima del hombro; ya nos miran de "reojo" y nos respetan. Todo porque nos atrevimos a adentrarnos en terreno vetado.

Es la Supercopa de España otra provincia que verá nuestras tropas hambrientas de triunfos y victorias. Lo fue la Supercopa de Europa, aunque la derrota se nos presentara de forma tan cruel. Y si nuestro país no es capaz de reconocer el mérito que tiene nuestra lucha y nuestra causa es por la sencilla razón de que es más fácil vivir siendo un plebeyo al servicio del más tirano de los emperadores que tener que luchar cada vez que quieran quitarnos un trocito de nuestra gloria.

Ahora no, queridos rivales, ahora miraremos desde nuestro balcón de Itálica cómo nuestras legiones de soldados pelean y dignifican el nombre de Híspalis. Os disputaremos cada palmo de terreno, cada minuto que quede por pelear, la gloria tiene que ser nuestra. Y si no, seguiremos preparados para la próxima batalla.


Para concluir la 2015-16...

By : Alex González

Estaba planeando escribir este artículo desde que iba de vuelta en el autobús en la Final de Copa, del pasado domingo 22. Lo tenía todo ya super-pensado y hasta el día en que lo iba a publicar. Pero de pronto, de golpe y porrazo, la noticia de la semana me golpeó y me dejó sin un esquema claro para el post de hoy, con el que concluía la temporada.

Monchi se va. Vaya acojone nos ha entrado a más de uno.
He de decir, que entre lo que me fío de un periodista deportivo y de las vueltas que sé que dan las cosas en el mundo del fútbol, no perdí los nervios ni llegué a pasarme por el estadio como algún que otro friki ha hecho en estos dos días, desde que se corrió la noticia.

Finalmente, y para que yo pudiese escribir este post en condiciones ;) el Sevilla FC ha publicado en su web oficial que Monchi no dejará el equipo, puesto que lo une un contrato hasta 2020. 24 horas de pajeo mental en twitter -y las que nos quedan...-, para que al final todo se resuelva con un "po seguimos igual, pero en raro".

Evidentemente, esto modifica el post que tenía pensado escribir hoy, puesto que la gravedad del asunto así lo requiere, aunque me temo que lo que haré sea alargar un poco más el artículo y ya nos vamos de vacaciones o de "eurocopeo"...

En primer lugar, he visto perder tantos jugadores con tantísima calidad, desde Suker -cuando yo era un niño de 10 añitos-, hasta Navas, Alves, Luis Fabiano, Ramos, Reyes... étc.
He visto fallecer a un futbolista canterano que prometía y que incluso ya debutó con la Selección Española.
He visto a un Presidente entrar en la cárcel por temas externos al fútbol y cómo la Directiva se ha tambaleado para al final conseguir cierta estabilidad.
He visto, aunque recuerdo muy de pasada, porque sólo tenía 8 años, aquél verano del 95 en el que casi nos vamos a Segunda División B.
Y después de todo esto, el Sevilla FC sigue vivo. Y por eso, ninguna noticia me procupa tantísimo como para no poder dormir.

Hay que tener en cuenta, como ya dijera Del Nido, que imprescindibles sólo son la Afición, el Escudo y la Bandera del Sevilla FC. Y así lo pienso.
Es verdad que la marcha del artífice, con mayúsculas, de las planificaciones deportivas de las últimas 16 temporadas puede sonar a una auténtica tragedia, pero hay que pensar varias cosas:
Monchi no trabaja solo, tiene un grupo de ojeadores y profesionales de la materia que, creo, están perfectamente capacitados para llevar a cabo la tarea que tenía el de San Fernando. Y tiene, ya que continúa.
Monchi es persona. Ergo, algún día tendrá que llegar su despedida. Tarde o temprano. Y por los motivos que sean.
Emery sigue en el Sevilla FC, luego me hace pensar que éste otro enfermo del fútbol sabrá cómo "rellenar" la plantilla con las nuevas incorporaciones y decir qué es lo que necesita.

No tengo miedo, aunque sí incertidumbre. Son pequeñas apuestas que el fútbol te hace proponer. Con no arriesgar demasiado, no pierdes mucho. Ahora es lógico pensar que sería una tragedia griega y que nos iríamos poco menos que a Segunda División, pero yo no lo creo. Considero que hay una estructura firme, una base sólida, por la que un proyecto decente deportivo no tiene por qué fracasar. Al contrario, puede ser una nueva oportunidad, como todos los riesgos que se tomen en tiempos de crisis.

Puede que sea demasiado optimista o que esté acostumbrado a salir bien de las decisiones que han tomado las distintas directivas del club durante mi vida. Ya no es la Directiva de Rafael Carrión o de Caldas. Ya parece una empresa sólida, con cimientos fuertes, no creo que la marcha de uno de los pilares tenga que suponer la peor de las desdichas... e insisto, hay mucha gente trabajando con Monchi que sabe perfectamente cómo seguir trabajando en el ámbito de la dirección deportiva. Confíemos si Monchi nos deja algún día.

Bueno, pues todo esto que he dicho era para quedarme agusto, después de estas 24 horas de nerviosismo tuitero, en el que todo el mundo sabía más que el propio Monchi. Por cierto, vergüenza ajena de cómo se han "esplayado" los periodistas deportivos de nuestra ciudad, lamentable. Y, que no se me olvide decir, que Fede Quintero cada vez me da más pena. Ha hecho su trabajo, sí, pero creo que no lo ha hecho completamente bien. Pero bueno, es el "dueño" del elDesmarque, ¿no? Él sabrá cómo hacer las cositas...

Bien, pues pasemos al tema original de este post, el final de temporada.

Podemos dividir, como es lógico, el curso deportivo en varias categorías. Lo más normal sería hablar por competiciones:

LIGA.
Evidentemente, lo que más salta a la vista de la liga completada ha sido el no ganar ni un partido fuera de casa. Ha habido partidos que el Sevilla FC ha empatado de milagro, otros que no sabemos cómo hemos llegado a perder y otros que nos sabemos si el Sevilla FC se llegó a presentar. Esto hace que nuestra clasificación se resienta, puesto que nos obligaría a vencer en todos los partidos en casa, algo que es muy difícil. De hecho, no lo hemos conseguido.
En una liga tan mediocre como la nuestra, si nos fijamos bien, con haber ganado 3 ó 4 partidos fuera de casa, hubiéramos llegado a los puestos de Champions, alcanzando al Villarreal (considerando por supuesto que el partido en el Madrigal también se hubiese ganado).
Se vio claramente cómo el Sevilla FC abandonó la competición liguera a dos meses de terminarla, puesto que los puestos europeos estaban casi asegurados y la cuarta plaza casi imposible. Por lo que, inteligentemente, aunque arriesgado, el club se volcó de pleno con la Copa del Rey y la Europa League, nuestra Copa. No me pareció mala idea. Ya digo, arriesgada, pero no incorrecta. Quizás, si el Sevilla FC no hubiese ganado la Europa League de nuevo y no nos hubiésemos clasificado para la Champions, la planificación no hubiese sido la idónea. Puede ser, pero volvemos a hablar de apuestas y de trabajo constante ;)

COPA DEL REY.
Para olvidar el chasco del año pasado frente al Espanyol, equipo que llegó lejos en la competición pero porque ni Sevilla FC ni Valencia lo tomaron en serio, nuestro club apostó fuerte por esta competición y tras humillar al rival de la Palmera, el Sevilla FC salió lanzado y llegó hasta la Final, donde nos encontramos a un Barcelona todopoderoso, pero que llegó a estar contra las cuerdas.
Para mí, ha sido una auténtica lástima que el Sevilla FC haya perdido esta competición cuando la teníamos tan cerquita. El cansancio físico de haber jugado dos finales en cuatro días no nos ayudó en absoluto.
Y lo que duele es lo cerquita que estaba, no cómo la perdimos, porque el recital del Sevilla FC en el Calderón, casi cerrando al Barcelona en su campo, después de todo lo que sufrimos en Basilea... aish, estaba ahí y no llegamos. El Barcelona nunca perdona. Y es todo un honor haber perdido así y contra ellos. En la Supercopa de España nos volveremos a ver.

EUROPA LEAGUE, la UEFA.
Otro año más, otra Copa de la UEFA para nuestras vitrinas. Y es la quinta vez que nos alegran la vida desde Europa. La tercera consecutiva. Qué maravilla.

Qué manera de asustar a la "famosa" afición de Anfield, esa que supuestamente acojonaba nada más escuchar su "You'll never walk alone", que se redujo a un par de versos en los primeros minutos de partido... Qué bonito es poder decir, ¿este rival también es ridículo para ganar una UEFA? y dejar a muchos bainas con la palabra en la boca, con la carita desfigurada y pensando que su vida no tiene sentido.
Hemos vivido tantas cosas con esta competición que sería imposible recoger en un único artículo todo ello. Pero ahora, considero, que el Sevilla FC tiene que dar un pasito adelante, dejar la Europa League de lado y pensar en unos Cuartos de Final o unos Octavos de Champions. No hay título, no "se toca" plata, como algunos desean, pero el nombre de nuestro Sevilla FC se hace mucho más presente y suena mucho más peligroso que como ahora está sonando. Ese saltito puede ser crucial, no sólo en lo deportivo, sino también en lo institucional y económico. No olviden las grandes cantidades de dinero que maneja la Champions League. Y este año estamos en el bombo 2 del sorteo. Ni previas ni cocos demasiado complicados como los de este año. Puede que haya alguno, pero la probabilidad de que nos toque ha bajado considerablemente.
Demos el saltito, puede ser precioso.

SUPERCOPA de EUROPA.
Competición a la que vamos a presentarnos en agosto por tercera vez consecutiva y que hemos perdido en las dos últimas, puesto que el "desvalijo" al que nos someten los grandes en cada mercado veraniego, hace que la plantilla empiece de nuevo dos semanas antes de la competición a la que llegamos justitos de forma y preparación.
Aún así, este 2015 contra el Barcelona ha sido bastante apasionante, con aquél 4-4 que forzamos a la prórroga. Lástima que Pedrito quisiera despedirse del Barcelona aquél mismo puto día. En fin... a ver este verano si vamos más preparados contra el Real Madrid, que ya nos quitó una en el verano del 2014.

Así terminaría el resumen de las competiciones que hemos disputado, con un poquito de mi opinión personal sobre cada una de ellas.

El 9 de agosto empezaríamos de nuevo el juego. Supercopa en Noruega contra un Real Madrid que ha ganado la Champions "al límite" y sufriendo. Varios días después jugaremos la Supercopa de España, contra el Barcelona, que según los medios catalanes van a dejarnos sin Krychowiak, sin Gameiro e incluso sin Mariano... Dios mío.

Es cuanto menos ilusionante, la verdad. Pero lo que más me pone es el sorteo de Champions. Volver a la competición de las competiciones. Dejémonos de rollos, estar ahí es de Grandes y mantenernos algunos años sonando en Octavos o Cuartos es bastante importante para el club.

Por cierto, para concluir, me gustaría decir que lo primero que sentí cuando perdimos la Copa del Rey, en cuanto vi al Barcelona mirar a nuestra afición cómo cantaba a sus jugadores y cómo el espectáculo estaba en la grada de los "perdedores" en vez del coro que recogía la copa, es un "SOMOS GRANDES". Fue lo primero que se me vino a la cabeza. No por la tontería esa de cantar hasta el minuto 120 y seguir haciéndolo cuando perdimos, sino por el hecho de que el Barcelona celebrase el título de la forma en la que lo hizo, cuando se vio encerrado y casi eliminado.
Fue lo que pensé cuando vi a los jugadores llorar por perder una nueva final, habiendo ganado una cuatro días antes. Esa es la grandeza. Haber jugado dos finales en cuatro días, haber ganado una y echar en falta la otra. Además, de ir planificando y pensando en dos Supercopas en agosto. Ni se dice pronto, ni se dice fácil, ni lo hace cualquiera. Es sólo para GRANDES.



PENTACAMPEONES DE EUROPA LEAGUE

By : Alex González

Enhorabuena, sevillistas, una vez más, nuestro Sevilla se corona como CAMPEÓN de la EUROPA LEAGUE.

El sueño que estamos viviendo con esas 2 finales en cuatro días, peleando con todo un Liverpool, callando el famoso pero esta vez impotente "You´ll never walk alone...", consiguiendo el Título en propiedad tras conseguirlo tres años consecutivos y cinco en total, clasificándonos para la Champions League de manera directa y cayendo en el bombo 2 de los mejores equipos europeos... este sueño no para, seguimos soñando con los ojos bien abiertos, con las ilusiones como si todavía no hubiéramos conseguido nada, con hambre de títulos, de victorias, de enemigos para tumbar.

Señores, disfruten lo que estamos viviendo, el Sevilla FC se ha convertido en un Grande de Europa y sigue con paso firme hacia esa élite que sólo unos cuantos pueden llegar a pisar y que tantos otros ni siquiera se atreven a soñar.

Pero calma, queremos más, el domingo más, otra final. Ya lo dijimos en el artículo de la semana pasada: Necesitamos jugar finales. Ahora vamos a por el Barcelona, el que nos quitó la Supercopa de Europa en agosto, el que ya nos quitó una Supercopa de España en 2010. Ese mismo. El que está considerado el mejor equipo del mundo actualmente. Ese nos espera y nosotros no vamos a faltar a la cita.

Que sigan las bufandas y las banderas al vuelo, todavía nos quedan batallas que librar...

La necesidad de jugar finales

By : Alex González
Quizás puedan acusarme de ventajista si escribo esto que van a leer a estas alturas de la competición, a las puertas de otra noche mágica en Nervión.
Puede que no comprendan mucho de lo que escribo, porque hay cosas que es mejor vivirlas, y algunas son tan personales que pueden ser para el que lee algo muy frío y para el que escribe algo apasionante. Pero creo que ustedes han vivido algo parecido o "de otra manera" con sus familias. Seguro.

Por la bendita costumbre que está cogiendo nuestro Sevilla de llegar a semifinales un año tras otro, las costumbres por feria y por el mes de mayo van cambiando en mi familia. Supongo que a estas alturas de la película ya me habrán leído lo poco que nos hace falta en mi casa para que nos reunamos unos cuantos de primos y tíos para celebrar algo. Y vaya si estamos celebrando, me cago en la leche.
Tampoco creo que les tenga que recordar los abril y mayo de los tres últimos años. Por si acaso: Erbeti, Villarreal, Valencia, Benfica, Zenit, Fiorentina, Dnipro, Athletic y Shaktar. Me encanta cuando dicen que no nos hemos enfrentado a rivales de identidad.

Pues resulta que tras un jueves de Feria sentados en una confiteria de la calle Asunción viendo el partido contra el Zenit, acordamos a la mañana siguiente entre mis primos y yo, reunirnos en mi casa para ver la vuelta contra la Fiore. Así lo hicimos. Cuando el partido se resolvió en un par de lances, pues hicimos lo propio con la final: nos reuniremos para ver la final de Varsovia.

Y a las dos semanas, todos vestidos de rojo, llenamos mi salón:

Allí estaba mis primos Miguel y Fernando, mi hermana Eugenia, mi hermanito chico -que lo es por parte de madre y no de padre- y mi padre, propiamente, del que ya hablamos en este otro artículo y al que hicimos comprar algunas viandas como quesos de untar, fuet, embutidos y porquerías varias que, aunque no quitaran el hambre, nos engañara el estómago mientras no podíamos despegar la mirada del televisor. Aparte de la consabida Coca Cola Zero, que se mantiene a flote en la compañía más grande de refrescos gracias a la insistencia de mis dos primos diabéticos, mi hermana maniática con la Zero y un servidor, que por no pedir una botella sólo y exclusivamente para mí pues se adapta al sabor de la Zero.

Tras este espacio publicitario gratuito, que es lo que más me jode, continúo.

No fueron pocos los nervios que se palparon en el salón, ni trocitos de regañá y de fuets que terminaron rodando por el suelo a cuenta del árbitro y las cabalgadas de un tal Konoplyanka. Pero con el 2-2 en el marcador, en un rebote mal despejado de la defensa ucraniana y con Bacca solo con el portero y el balón entremedio, mi salón se convirtió en un agujero oscuro y profundo en el que todos nos transformamos en algo que no sé si somos o es que lo llevamos por dentro. Gol.

Mi primo Miguel celebró el gol tirándose al suelo de rodillas, como si fuera el mismo Carlos Bacca, señalando al cielo y sin sentir las dos operaciones recientemente hechas en los meniscos y las rodillas.
Mi primo Fernando llevándose las manos a la cabeza llorando y dando vueltas sobre sí mismo.
Mi hermana besándome el claro que empieza a aparecerme por la coronilla, mientras que yo, caído en el suelo, apoyaba la espalda en el sofá, con las manos levantadas y llorando.
Mi hermano, enganchado a la pierna de mi padre, celebrándolo con él y medio llorando también.
Ninguno fuimos conscientes de lo que estábamos haciendo. Ninguno caímos en lo que salía de nosotros. Se acabó el partido. Bufanda, bandera, camiseta y camino de la Puerta de Jerez.

Con el tiempo analicé ese momento de explosión. Y aquí está escrito. No fue exactamente como lo he contado, seguro que me he dejado un detalle en la mochila. Es imposible acordarse de algo si no merece verdaderamente la pena. Fue un momento mágico. Único. Ruego que vuelvan a leer a cada uno de mis familiares, cómo estábamos y cómo terminamos. Magia pura. Demente.

Y eso me hace falta. Yo lo necesito. Tengo la necesidad de jugar finales. De llegar a ellas. De jugar semifinales contra grandes de Europa y decirles desde mi casa: "Mirad, estamos locos". Quiero llenar mi casa todos los meses de abril y mayo de la mayor de las alegrías, de la mayor de las celebraciones, de la mayor de las historias. Quiero llegar a las finales.

Fue el jueves pasado la última vez que nos reunimos en mi salón. Nos reuniremos en el partido de vuelta. Y esperamos tener que volvernos a ver en mi salón cuando defendamos de nuevo nuestra Copa. Lo necesitamos. Necesitamos jugar finales.


La prima de mi amigo. Una historia de amor no correspondido.

By : Alex González

No puedo hablar de mi enfermedad sin hablar de otro enfermo, mi amigo Francisco Luis.
Francisco Luis es un amigo de toda la vida. Coincidimos en cuarto de primaria y nos hicimos grandes amigos, el mejor de mi infancia, sin duda. Su familia me quería muchísimo y la mía a él. Entre otras cosas, porque Luichi, su abuelo, había jugado en el Sevilla FC con un hermano de mi abuela, Fernando. La historia de este Fernando también tiene guasa, y merece la pena que hagamos un paréntesis para contarla.
Este Fernando jugaba en el Sevilla Atlético como portero, canterano vaya. Hizo una temporada enorme, fue un gran portero y muy conocido en la Sevilla futbolera de los cincuenta o los sesenta. Tanto es así, que el entrenador de la primera plantilla, no me pidáis nombre o apellidos, lo convocó para jugar con el primer equipo.

Mi abuela, hermana inocente, adorable y buena persona, siempre nos dijo que tuvo mala suerte y que al final no llegaron a convocarlo. Pero eso no es cierto del todo. Por lo visto, en la tarde que le comunicaron la noticia de que el entrenador lo había llamado, los amigos del Sevilla Atlético lo invitaron a cenar para celebrarlo. Con tan mala fortuna que, claro, lo que suele pasar cuando uno va en este plan: termina con una borrachera enorme que le motiva a imitar cualquier palio sevillano por una callecita estrecha, con sus levantás a pulso incluidas. Pues eso, que la cogió gorda. Y cuando el entrenador se enteró de que por la mañana no tuvo cojones de levantarse sin escuchar las campanas de la catedral en su interior, lo desconvocó y, por eso, mi tío abuelo nunca llegó a debutar. No voy a culpar a ese hombre de que yo no viva en una mansión de lujo, no era Oliver Kahn, supongo, ni me iba a llegar un duro. Pero ya podía haberse cuidado una mijita, para que yo pudiera decir “Mi tío abuelo (a veces lo de tío se obviaba) era portero del Sevilla FC”. Pues no.

El caso, y volviendo a lo que contaba de mi amigo Francisco Luis. Siempre me prestaba el carnet para ir al gol norte con él y su familia. Al tiempo, y gracias a esto, mi padre me sacó mi primer carnet y desde entonces soy socio. Por lo tanto, es algo que le debo a esta familia.

Francisco Luis tenía una prima, y tiene todavía, que era guapísima, y sigue siéndolo. Con pelo largo, seis años mayor que yo y por tanto, en época de merecer por aquel 1999 que les voy a contar a continuación. La muchacha era un encanto y tenía un cuerpazo que no veas. Ahora no sé si decir que lo sigue teniendo porque, aunque sea verdad, yo tengo novia formal y me puede costar varias jornadas de sanción. Bueno, 18 añitos benditos en una muchacha que, encima, era sevillista de las buenas.

Y en una tarde noche de invierno de 1999, nos enfrentábamos al FC Barcelona en nuestro estadio. Ese día fuimos mi amigo Francisco Luis, su prima y yo. Y un cabrón. Sí, de buenas a primeras me entero de que la chavala tiene novio. Y se lo lleva al fútbol. Pero, ¿qué clase de relación es esa? No lo entendía. No solo iba a ver cómo el Barcelona se iba a cachondear de mi equipo, que no había ganado ni un puto partido de liga hasta esa fecha, sino que iba a sentir puñaladas en mi corazón cada vez que aquel niñato se arrimara a la prima de mi amigo.

Empezamos marcando, pero no sentí nada. Fue una mezcla de putos celos unido a la resignación de saber que tarde o temprano Rivaldo y toda la peña iban a meternos cuatro goles, que eso no se debería ni llamar remontada. Ese año, por muy motivado que estuviera por el ascenso del año anterior, no había cojones de ganar un partido. Muchos sevillistas aún recordarán el partido que les digo y muchos pensarían como yo en aquel instante. Bueno, en lo futbolístico.

Como era de esperar, nos remontaron. 1-2. Vaya, qué sorpresa. Pero una extraña ambición en el interior de los once jugadores sevillistas que deambulaban aquella noche por el césped del Sánchez Pizjuán y un “por cojones” que provocaba la grada con su constante animación desde los Biris, cometieron el milagro. Conseguimos empatar. 2-2. Me llevé las manos a la cabeza, lo celebré y se me pasaron los celos, ya el fútbol era el único que no me abandonaba.

Y si raro fue empatar, más raro era que Víctor Salas y Juan Carlos consiguieran hacer una jugada que terminara con el gol que nos diera la remontada. Sí, señores, 3-2. Nuestro Sevilla FC no había ganado ni un partido de liga y ese sábado se propuso remontar un 1-2 al Barcelona. Con dos huevos.


En la grada estábamos que no nos lo creíamos, pegando botes, quitándonos los chaquetones y los abrigos de la emoción. La prima de mi amigo se enroscó en un hermoso beso con su novio que casi le cuesta la muerte a la pareja al poner uno de ellos un pie entre los asientos, inclinarse hacia atrás y no tener fuerzas para volverse a levantar. Pero ahí estaba yo, el héroe de la noche. Aquel que sintió dolor cuando vio que la prima de mi amigo estaba con otro hombre. Aquel que depositaba todas las esperanzas en un dos en la quiniela del partido. Y sin pensarlo un momento, fui a salvarla a ella –al otro que le jodan, si se cae que alguien lo recoja- y la agarré, pero la agarré como solo un caballero podría hacerlo con su doncella. Le cogí de la teta. Con dos cojones. En cuanto volvió a tierra firme, ella me dio un abrazo y celebramos la remontada sin el capullo por medio, hundido en la fila de asientos de abajo y humillado en la derrota porque aquel caballero victorioso le salvó la vida a su novia. Y encima remontamos.

Algunos marcarían esta fecha como la pérdida de virginidad. Yo no. Yo fui un caballero. Nunca más se habló de este tema con nadie. Supongo que ella ni se daría cuenta. Puede que se lo dijera a mi amigo por si su prima le decía algo, no lo recuerdo. Yo marqué el calendario como la primera remontada guapa que recuerdo. Remontada a favor. Porque la primera remontada que yo recuerdo fue en la 96/97, contra un Real Sociedad que iba perdiendo a poco del final del partido.

También iba con mi amigo y su familia, fue cuando empecé a ir al estadio, perdón, Estadio. Ese año íbamos chungos también, teníamos un pintazo a segunda que no nos lo quitaba ni el tato. Y lo que ocurrió es que ese Sevilla FC glorioso que terminaría en Segunda División era capaz de regalar partidos como ese y dejar que los de Anoeta remontaran en cinco minutos. Terminamos con Monchi llorando bajo palos. Y, si no recuerdo mal, fue el debut de Jose Mari, canterano que se nos escapó al Atlético de Madrid por dos duros, aprovechando los de la capital la tiesura que llevábamos en lo alto. La historia del chavalín con los años también es de coco y huevo, pero dejémoslo ahí.

Gracias a Dios y aunque mucho tiempo tuviera que pasar, remontadas históricas se vieron enormes después, como esa eliminatoria de Europa League contra el eterno rival de la ciudad. Quien diga que alguien lo ha pasado peor que cuando nos encajaron dos goles, uno de los tres últimos clasificados de la liga, miente como bellaco. El derbi es derbi. Y encima en UEFA (o en güefa en latín). Por suerte, pude verlo en el Villamarín “en vivo”. La mala suerte, si es que hubo aquella noche, es que lo tuve que ver con el carnet de un bético en territorio comanche, rodeado de criaturitas verdecillas que, con el paso del cronómetro, veían cómo se les venía abajo cualquier esperanza cimentada por Pepe Mel y los suyos en la ida de la eliminatoria.

La celebración de los goles las hice levantando los brazos, haciendo un gesto que podría parecer una protesta por el gol en contra y una celebración a favor en el palco. Fue genial la capacidad de mímica y contención que desarrollé en una noche. En los penaltis no tuve cojones de verlos sentado. Me balanceaba como un niño loco y miraba pa arriba en cada penalti –espectacular también la forma en la que casi me asfixio conteniendo la celebración-. Y cuando se terminó la tanda de penaltis, me llevé las manos a la cabeza, empecé a llorar y la gente de alrededor empezó a consolarme pensando que era uno de ellos, debían estar acostumbrados los pobres. Salí inmediatamente de aquel campo, recorrí la Avenida de la Palmera corriendo como Navas por la banda, llorando a lágrima viva. Cuando llegué al puesto de “Los Monos” empecé a gritar improperios y barbaridades contra una hinchada que me había arropado en los peores momentos. Sí, en calidad de persona tengo cierto déficit, pero era un derbi. Un derbi europeo.

Otras remontadas claro que se recuerdan, pero no eran iguales a las contadas. Algunas al Real Madrid en nuestro feudo y otras tantas que nos hicieron quitarnos la bufanda de los nervios y el chaquetón del sofocón. Todas especiales, pero como la primera va a ser difícil que la recuerde.

A todo esto, Francisco Luis sigue siendo mi amigo. Me sigue dirigiendo la palabra y es un tío espectacular. Su prima también.

Y todo este tocho no lo escribo porque sí, lo escribo porque esa misma bestia del 99, la tuvimos, mejorada, este fin de semana. Y el sustito por lo menos se lo llevaron. Igual que en Tibilisi, que tras ir perdiendo 4-1, igualamos el partido y forzamos la prórroga, aunque una falta mal defendida le diera el título a los catalanes.Pues resulta que es el otro finalista de Copa del Rey. No va a ser fácil, pero va a estar apasionante, sólo hay que ver nuestros últimos enfrentamientos.

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